ELEGÍA A “LA TIERRA”

En un momento en el tiempo, tú tenías la piel lozana y fresca, sólo herida por tus convulsiones internas y agitada por las aguas y el fuego de tus entrañas, pero refrescada por los vientos gélidos del universo. 

Pero llegó el día en que el hombre apareció sobre tu piel sana. Al principio no eran muy numerosos y compartían contigo la misma armonía que el resto de los animales; pero a medida que pasó el tiempo y el número de hombres fue en aumento, esta armonía se fue degenerando.  Entonces el hombre comenzó una guerra contra todos los animales y contra su propia especie, y tu piel enfermó para siempre.

¡Oh, mira cuántas cicatrices tienes provocadas por las guerras! ¿Y cómo podremos nosotros curártelas?   ¡Deforestación, contaminación, desaparición de especies…! Tienes la piel en carne viva. Pero no te quejas, o al menos es lo que creemos… ¿Y si algún día revienta el cuerpo celeste que encierras? Tal vez entonces el hombre tendrá el castigo que se merece.

¡Oh Tierra, dame una respuesta a nuestra perversa existencia sobre tu piel! Hasta ahora siempre has estado muda a nuestras agresiones; quizá esperes el momento en que la imaginaria casa que hemos construido sobre tu piel se derrumbe sobre nuestras cabezas. Y no pasará mucho tiempo antes de que esto ocurra. El hombre pasará como un mal recuerdo sobre tu piel desnuda y quizá algún día vuelvas a ser pura, como al principio de los tiempos.   

 

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