PARQUE NATURAL BARRANCO DEL RÍO DULCE

Pelegrina (Guadalajara), mayo de 2.016

 

Día 2: Pelegrina, una pedanía de Sigüenza, no debe de tener más de 50 habitantes, pero está situada en lo alto de una hoz formada por el río Dulce, que ha sido desde hace tiempo un lugar muy visitado por naturalistas, excursionistas o simplemente gente que busca tranquilidad entre estas espectaculares formaciones rocosas. Por alguna razón encontró aquí Félix Rodríguez de la Fuente el sitio adecuado para rodar muchos de los capítulos de El Hombre y la Tierra. En su honor se construyó por suscripción popular el mirador que lleva su nombre, desde el que se puede ver el increíble cortado, en donde crecen chopos, fresnos, alisos, cerezos y manzanos a ambas orillas del río; es un fantástico vergel rodeado por vertiginosas pendientes, en cuyas cimas se alzan farallones de roca caliza, que han sido esculpidos durante miles de años por la acción del agua y el viento.

Hoy tan solo hemos tomado contacto con el río durante un corto recorrido nada más dejar arriba Pelegrina, como colgada en un cerro, aunque los restos de su castillo están situados todavía más arriba. Y a medida que caminamos a lo largo de su cauce vamos descubriendo un verdadero paraíso, un lugar en donde la naturaleza parece desbocarse, recuperarse de la aridez de las pendientes; y allá en lo alto empezamos a ver grandes aves –buitres leonados-, algunos de ellos planeando con gran facilidad hasta posarse en las repisas. Incluso podemos ver una buitrera, en donde al parecer están criando. Aquí hay buitres por todas partes.

Pero debemos esperar a mañana para proseguir nuestro relato, pues hoy hemos tenido un largo viaje hasta llegar aquí y se nos ha acabado el tiempo. Nos hemos instalado en una casa rural en el centro del pueblo, denominada Caballito de Madera, desde cuyos ventanales podemos ver parte de los cortados y probablemente algunas aves.

 

Día 3: Como todos sabemos, las aves suelen estar más activas a primeras horas de la mañana y últimas de la tarde. Así pues, sobre las 9 de la mañana, emprendemos uno de los recorridos favoritos de aquellas personas que no quieren o no pueden realizar grandes esfuerzos, el que va bordeando el río hasta pasada la caseta en donde Félix Rodríguez de la Fuente guardaba el equipo de filmación. Téngase en cuenta que el famoso naturalista y sus colaboradores pasaban en la zona largas temporadas.

Nada más dejar Pelegrina y tomar contacto con el río, la verdad es que se abre ante nosotros un lugar único, idílico, en donde el murmullo del agua y el canto de los pájaros –cucos, oropéndolas, mosquiteros, chochines, pinzones, jilgueros, verderones, gorriones chillones, pájaros carpinteros, currucas y algunos más que desconocemos- nos acompañarán siempre, y en los cortados, sobre los farallones vuelan chovas piquirrojas y, sobre todo, vuelan cuando pueden, pues necesitan corrientes térmicas, un gran número de buitres. A nosotros nos gusta verlos muy activos en los salientes de las rocas y en las buitreras, pues ya tienen formada la pareja. Pudimos ver cómo echan fuera a los intrusos.

La luz en la hoz de Pelegrina forma efectos mágicos, especialmente en otoño, pero también en las demás estaciones. Estos efectos los supo describir muy bien Félix Rodríguez de la Fuente en la serie Fauna Ibérica, con la colaboración de una partitura musical tan sublime como la de Antón García Abril.

Regresamos a Pelegrina a media tarde a través del segundo sendero, que discurre por la margen izquierda del río y se une al primero cruzando el puente de madera. Esta parte es un poco más elevada y en un momento hay que caminar a través de unas rocas algo deslizantes en donde han colocado cadenas como baranda de seguridad; abajo el río nos sigue acompañando y aquí aparecen algunos farallones más, desde los que nos miran los buitres y vuelan las chovas.

Quizá lo más pesado de este recorrido sean los últimos cien metros de subida por la pista asfaltada hacia Pelegrina, pero las vistas casi compensan el cansancio bajo un sol de justicia.

 

Día 4: El mirador de Félix ha sido erigido justamente en el lugar desde el cual el naturalista puede ver a vista de pájaro todo el mosaico natural que constituye la hoz del río Dulce, incluida la cascada del Gollorio.

Desde aquí arriba quizá no se pueda comprender en toda su importancia la enorme variedad de ecosistemas que encierra el cañón y sus paredes rocosas. Es el hábitat de águilas reales y halcones, además de los mencionados y abundantísimos buitres.

Y no tuvimos que esperar esta mañana mucho tiempo para deleitarnos de nuevo con su vuelo, y también con el de las omnipresentes chovas.

A última hora de la tarde, cuando el sol está próximo a su ocaso, es el momento de subir al castillo de Pelegrina, que en realidad es una auténtica ruina, conservando sólo parte de sus muros laterales; pero constituye un lugar elevado junto al pueblo para disfrutar de otro punto de vista de la hoz un poco más lejano. Francamente, merece la pena venir aquí a tomar fotos, con los buitres planeando sobre nuestras cabezas.

 

Día 6: De nuevo en el parque natural, último día de nuestra estancia aquí, aprovechamos para ver lo que nos ofrece la estepa y los roquedos que hay por encima de la hoz del río Dulce, sin alejarnos mucho de la carretera. El día es muy desapacible, con chubascos intermitentes y ráfagas de viento. Pero a pesar de ello, podemos ver una pareja de alcaudones comunes, una collalba blanca y otro pájaro estepario que nos llamó mucho la atención por su canto, pero que no podemos identificar. También podemos ver zarceros comunes, alondras y totovías, mientras en el cielo planean los omnipresentes buitres leonados. Pronto la lluvia comienza a arreciar y nos tenemos que refugiar en el coche, y también las aves hacen lo propio, pues sus cantos y reclamos parecen enmudecer.

Mañana dejaremos –probablemente con lluvia- un lugar único, que debe ser conservado a toda costa para las generaciones futuras, un lugar en donde la naturaleza se ha ido moldeando a sí misma durante millones de años, un lugar cuyos fósiles de moluscos nos indican que hasta aquí llegaron las aguas marinas y que las rocas calizas blandas que moldeó el río procedían del fondo marino. El plegamiento de las cordilleras que afectó a la Península Ibérica hace aproximadamente 2 millones de años hizo el resto.

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