DIARIO DE VIAJES (1)

DE VIAJE POR ESCANDINAVIA (EL SOL DE MEDIANOCHE)

Día 11 de junio, 2016. Dejamos Cerdanyola del Vallés (Barcelona), viajando en autocaravana, pasando por Lyon-Besancon-Belfort-Friburgo-Karlsruhe-Mannheim-Frankfurt-Kassel-Hannover-Hamburg-Lübeck y, finalmente, Puttgarden, en donde tomamos un ferry que nos llevará a Dinamarca. Pagamos 100 euros por la travesía: 2 personas y una Camper.

Día 15. Nos instalamos en el Camping Bellahoj, situado a 4,5 kilómetros del centro histórico de Copenhague, y es precisamente la cercanía al centro de la ciudad lo que nos anima a quedarnos aquí, pues el camping no cuenta con unas instalaciones demasiado atractivas. Echo de menos que las duchas, instaladas en una especie de módulo al estilo móbilhome, no cuenten con un mando para graduar la temperatura del agua, sino que éste es fijo y sólo sale caliente…, caliente… Cuenta, por otra parte, con mucho espacio en un campo de unas 9 hectarias y, por supuesto, sin una sola sombra. Pero aquí llueve mucho, como en casi toda Escandinavia.

Día 16. Durante casi toda la noche y parte de la mañana reina la lluvia. A pesar de ello nos aventuramos a un primer contacto con la ciudad, tomando el autobús amarillo 2 A. La Plaza del Ayuntamiento y el propio ayuntamiento, en donde se celebra una exposición religiosa, están muy concurridos, con visitantes de todo el mundo, pero especialmente chinos y japoneses, en viajes “organizados”; todo es sobriedad y suntuosidad a nuestro alrededor y llama especialmente nuestra atención el edificio del Ayuntamiento. Visitamos la Estación Central de Trenes (DSB), de donde parten también los trenes de cercanías (S-Tog), un servicio rápido

que une muchas poblaciones periféricas de Copenhague. Damos una vuelta por los alrededores del Tivoli, en donde ya intuimos la importancia de este, entre otras muchas cosas, parque de atracciones. Vemos varias iglesias, con esos campanarios que sobresalen entre los suntuosos edificios. Las calles vibran de gente que va de un lado a otro bastante deprisa, y hay que tener cuidado con las numerosas bicicletas que circulan por las calles, aunque en la mayoría de los casos lo hagan por “su carril”. Finalmente nos metemos en la zona de los restaurantes en busca de comida, y comprobamos que no se come tan mal como algunos dicen, pues en uno de ellos comimos los dos por 249 coronas una especie de plato combinado, en donde había huevo frito y revuelto, un crepe, un trozo de pan especial algo correoso y blando y otro de semillas, dos salchichas, algo de beicon frito, lechuga, sandía, naranja, tomate, mantequilla y mermelada de fresa. Y para acompañar todo esto, un vaso de zumo de naranja y una gran taza de café cortado con algo de leche.

Día 17. Todo el mundo sabe que La Sirenita es el símbolo de Copenhague. Así pues, desde el centro y durante unos tres cuartos de hora caminamos por una calle peatonal repleta de gente y de tiendas que ofrecen toda clase de artículos, hasta dar con uno de los principales canales; y siguiendo éste, finalmente llegamos a una zona verde cuyos límites están ya en el puerto. Hay aquí una zona rocosa, en donde sobre una de las rocas se encuentra la Doncella del Mar (La Sirenita). Pronto nos encontramos con los numerosos visitantes, en esta ocasión hay muchos de habla hispana, pero también los omnipresentes chinos y japoneses. Casi todos tienen el mismo propósito: hacerse una foto al lado de La Sirenita. Esta gente es muy probable que procedan de los 3 o 4 cruceros que vemos fondeados en el puerto. Lo cierto es que La Sirenita parece haberse convertido en una especie de lugar de peregrinación para los turistas, a pesar de lo alejada que se encuentra del centro.

Por la tarde, después de comer, decidimos hacer una excursión en barco por los principales canales de la ciudad, que te permite una visión de conjunto de la misma y admirar la belleza de las numerosas casas pintadas en diversos colores, los barquitos fondeados en sus orillas, los puentes y las grandes edificaciones modernas, los campanarios de las iglesias e incluso un submarino en el gran canal.

Finalmente, aún nos queda tiempo para visitar el gran parque de atracciones Tivoli, en donde nada más entrar nos divertimos con los espejos que deforman las figuras. Y no nos imaginábamos la cantidad de cosas que se pueden ver aquí: un deslumbrante palacio indio, una casa de cristal, dos pabellones en donde se ofrecen espectáculos, un lago con barcas, fuentes, restaurantes, chiringuitos, gaviotas cabecinegras que se posan en la cabeza de la gente cuando ven que les vas a ofrecer comida (que sacas de una máquina que hay al lado del lago)…, pero casi todo lo que vemos está construido en formas chinescas o japonesas, lo cual le da un encanto especial.

Volvemos al camping cuando ya comienza a oscurecer, tan cansados de caminar, que hemos decidido tomarnos un día de descanso antes de abandonar Dinamarca.

Día 19. Hoy partimos a una hora temprana en dirección a Estocolmo. Pronto cruzaríamos el famoso puente de Öresund, inaugurado en el año 2.000, con calzada para automóviles, pero también para ferrocarril. Incluso han tenido que construir una especie de isla artificial. Yendo de Dinamarca a Malmó se tiene que cruzar un túnel de unos 4,5 kilómetros antes de salir al exterior del puente propiamente dicho. En total el puente tiene unos 14 kilómetros de largo.

Después de recorrer cerca de 700 kilómetros, llegamos finalmente a Estocolmo a última hora de la tarde, con el tiempo justo para instalarnos en el Bredängs Camping, situado a unos 9 kilómetros del centro, antes de que cerraran recepción.

Día 20. Primer contacto con esta hermosa ciudad, construida sobre 14 islas, con numerosos monumentos importantes, como el de la Opera, Palacio Real, Academia Sueca, donde se entregan los Premios Nobel, y muchas iglesias, cuyos campanarios sobresalen a muchos metros de altura y casi todos son de un tono verdoso. Grandes edificaciones de viviendas también se pueden ver hacia el centro, en donde hay varias zonas peatonales muy animadas a todas horas. Estocolmo posee 3 líneas de metro de largo recorrido y muchas otras de trenes de cercanías, que conectan las principales ciudades del extrarradio; pero también hay muchas conexiones por mar entre las pequeñas islas. Nosotros tuvimos hoy la oportunidad de navegar en uno de los barcos que partiendo del puerto llega a un lugar de recreo llamado Strand, con lo cual tienes otros puntos de vista de la ciudad. Entonces pudimos ver fondeados 2 grandes cruceros.

Finalmente, decir que quienes pretendan comer a un precio razonable, no vayan a la zona antigua de la ciudad, pues por una ensalada Cesar, que lleva un poco de todo pero no es nada extraordinario, una cerveza y una salsa de yogurt nos han cobrado 512 coronas, unos 62 euros aproximadamente.

Día 21. Segundo y último día de estancia en Estocolmo. Seguimos callejeando esta vez en busca de la catedral, y la encontramos al lado del Palacio Real. La entrada nos cuesta 60 coronas por ser jubilados; y mereció la pena la visita, por ser una de las iglesias más bonitas de la ciudad. Su fundación data de 1279, pero la mayor parte de la preciosa decoración en estilo barroco es del siglo XVII. San Jorge y el dragón son un grupo de esculturas bien conservadas únicas en su género. Fue en esta catedral donde el 19 de junio de 1.976 se celebró el casamiento del rey Carlos Gustavo de Suecia y Silvia Sommerlath.

Después de comer en un puesto situado en unos jardines cercanos a un embarcadero –y esta vez a un precio bastante razonable-, tomamos uno de los barcos que hacen un recorrido entre las islas de la ciudad. Aquí lo llaman el “Royal Tour”. Cuesta 190 coronas por persona, pero nos lleva al principio por otras encantadoras vías de agua, si bien finalmente regresa al mismo embarcadero que el que cogimos ayer.

En lo que llevamos de estancia en Estocolmo, el tiempo ha sido bueno, pues ha lucido el sol y las temperaturas son agradables, aunque por las noches bajan bastante. Ojalá siga esta tendencia durante los próximos días, pues mañana continuamos nuestro largo viaje hacia el Cabo Norte.

Día 22: Otro día de viaje nos sitúa en el Camping Timra, pasado Sundsvall, con lo cual hemos recorrido cerca de 400 kilómetros desde Estocolmo. Comida a bordo. El territorio que recorremos está lleno de un impenetrable bosque de pino-abeto típico de las regiones frías. Sin embargo, en esta época del año vemos que se mantiene una temperatura entre los 16 y 23 grados durante la mayor parte del día, pero el tiempo puede variar bruscamente. Por supuesto, por las noches desciende a unos 10 grados o menos.

El recepcionista del camping se empeña en vendernos por 150 coronas una tarjeta internacional de campista, válida en toda Europa, con la que se consiguen descuentos en compras y en algunos ferrys, cosa que habremos de comprobar durante nuestra estancia en Escandinavia. Nos explica con todo detalle cómo funcionan los servicios. Todo automatizado. Tarjetas para entrar a los lavabos y…, monedas de 5 coronas para poder ducharte. Duración, 6 minutos. Por lo demás, decir que es un lugar muy tranquilo, un pinar de pinos rectilíneos apuntando hacia el cielo y un lago cuyas aguas, nos dice, son potables… Lo cierto es que está bastante bien, y podemos comprobarlo en el momento de ducharnos.

Día 23. La E 4, por la que circulamos desde que salimos de Estocolmo, no parece tener fin. Desde que deja de ser autopista, podríamos decir que es una de las carreteras mejor “ordenadas” de Suecia: hay muchas limitaciones de velocidad y muchos radares, por lo que el viaje se nos hace bastante pesado. Pero hemos conseguido hacer hoy unos 400 kilómetros, con lo que sobre las 7 de la tarde nos instalamos en el camping Borgaruddens, a unos 200 kilómetros de Haparanda, que es la frontera con Finlandia. Hasta aquí hemos visto preciosos paisajes, pueblos y aldeas con casitas color chocolate, y sobre todo lagos y ríos, pero también viajamos a lo largo del golfo de Botnia. Diríamos que junto con Finlandia, Escandinavia es el país del agua, pues cuando menos te lo esperas, ésta hace acto de presencia entre el impenetrable bosque de coníferas.

En cuanto al camping en donde pernoctamos, tenemos que decir que carece absolutamente de la amabilidad y orden que encontramos en el anterior, pues los espacios de acampada están mal ordenados y tuvimos que cambiar de lugar, ya que pertenecía a otro campista. Con lo fácil que hubiera sido que la recepcionista nos acompañara y nos indicara el sitio exacto en donde acampar, y no se limitara a anotar un número que luego resultó que se repetía en las parcelas. Quizá este sea el inconveniente de buscar un camping al azar entre las decenas de ellos que hay a lo largo del golfo de Botnia. De todas maneras, las vistas del golfo y un anticipo del sol de medianoche te hacen olvidar un poco los kilómetros que nos quedan para llegar a Cabo Norte.

Día 24. Hoy salimos también temprano con la idea de llegar más allá de la frontera. En Haparanda hacemos algunas compras. Así entramos en Finlandia, el país de los 3.000 lagos y no sabemos cuantos ríos; el bosque aquí es parecido al de Suecia y los finlandeses viven rodeados de verde, de ese verde sombrío compuesto por miles, millones de coníferas, chopos y abedules, pero también de inmensos campos ahora tan verdes como los bosques. Y en medio de toda esta exhuberancia aparecen las típicas casitas de los campesinos, no muy diferentes de las suecas. Hoy nos hemos dado cuenta, al repostar carburante, que la moneda de los finlandeses es el euro. Por otra parte, parece que hemos logrado entender las máquinas, pues tienes que seleccionar primero las instrucciones en el idioma que prefieras (el español no existe), luego el importe en euros de los litros que vayas a poner; a continuación te autoriza a que cojas la manguera y aprietes el gatillo. ¿Pero qué ocurre si pagas más carburante del que necesitas? Fue exactamente lo que me ha ocurrido hoy a mi. Entonces te sientes indefenso, con muchas ganas de ver algún “humano” responsable cerca de los surtidores.

Pasada la frontera sin que ningún guardia interceptara nuestro viaje para pedirnos la documentación, hacemos un alto en un área de descanso para comer, después de lo cual muchas veces tienes que acudir a los tualettes, cosa tan natural si no fuera por la pestilencia y suciedad con que te encuentras en algunos sitios…, en vista de lo cual a mi no se me ocurre mejor idea que preferir ir al bosque cercano, pero en ese paraíso yo no sabía que el peor enemigo son los mosquitos…

En fin, seguimos haciendo kilómetros y kilómetros hasta llegar a un camping & resort, de los muchos que hay a lo largo de la interminable E4, primero, y E75, después, en donde pernoctamos. Así pues, estamos ya en Ivalo. Teníamos intención de hacer una parada en el pueblo de Rovaniemi, el lugar de Santa Klaus, pero nos cogió una horrible tormenta y se nos quitaron las ganas de visitar a Papá Noel.

Día 25: Por fin hoy hemos visto cumplida la ilusión de llegar a la meta: el Cabo Norte. Para llegar aquí recorrimos los últimos 400 kilómetros, primero a través del consabido bosque de coníferas, luego, a partir de Kaamanen, este bosque va dado paso a los abedules; también vemos muchos lagos, ya no sólo en Finlandia, sino en Noruega, a partir de Karasjok. Finalmente, el bosque va dando paso a la tundra ártica y aparece una cadena montañosa con muchos neveros. Y al principio, ya en lakselv, se abre una especie de fiordo enorme… Luego, a medida que subimos hacia Nordkapp o Cabo Norte, pasamos una media docena de túneles, uno de ellos de más de 6 kilómetros de largo. El paisaje de lagos y montañas es de una belleza increíble, con las casitas típicas de los pescadores noruegos al borde del agua. Los últimos kilómetros de subida hacia Cabo Norte, a partir del pueblo de Honningsväg, los hacemos bajo una espesa niebla, y ésta continúa a la hora de escribir estas líneas, impidiéndonos ver el sol de medianoche. Puede que no lo veamos, pero aún así nos sentimos satisfechos de nuestro viaje –que continuará ahora por Noruega-, habiendo visto una docena de renos y podido fotografiar algunos cerca de nuestra meta. La temperatura ahora mismo aquí es de 6 grados y sopla un fuerte viento que hace que el agua en suspensión impregne los parabrisas de las autocaravanas. En estas condiciones, somos pocas las personas que nos atrevemos a salir al exterior.

En resumen, llevamos recorridos 5.172 kilómetros desde que salimos de Cerdanyola del Vallés, pero, como dice el refrán, “el que algo quiere, algo le cuesta”. Ah, olvidaba hacer constar que la entrada al aparcamiento y complejo turístico cuesta 31 euros por persona. Incluye visita a La Cueva de la Luz, El Túnel, película panorámica, museo de la guerra, monumento Niños de la Tierra, Columna de Oscar, Capilla de San Juan y Museo Tailandés.

Día 26. ¿Y el sol de medianoche? Pues bien, prorrogamos una noche más, viendo que el tiempo parecía mejorar –aunque aquí nunca se sabe- y decidimos esperar… a las 12 de la noche. Y bien, ¿qué es el sol de medianoche? ¿Y por qué lo llaman así? Pues para nosotros ya no tiene ningún secreto. Lo habíamos visto en Finlandia, en el camping. Se trata de que, debido a la inclinación de la Tierra, entre el 15 de mayo y el 31 de julio, no solamente en el Cabo Norte, sino también en otros lugares del hemisferio norte, el sol se queda por encima del horizonte a esa hora. Y así continúa durante toda la noche, es decir, que la noche se convierte en algo así como la luz del amanecer o atardecer. Y de ahí no pasa.

Quizá en el Cabo Norte, cuando muchas personas se concentran alrededor de El Globo para hacerse fotos, adquiere el sol de medianoche un halo mágico, algo misterioso, que con el disco solar reflejado sobre el mar atrae a muchas personas del resto de Europa. Lo cierto es que nunca habíamos visto tal concentración de autocaravanas y caravanas, e incluso 2 tiendas de campaña.

El Cabo Norte parece haberse convertido en un lugar de peregrinación para mucha gente. En realidad es un lugar inhóspito, en donde las condiciones meteorológicas pueden cambiar bruscamente. Hemos tenido que soportar 2 noches en las que a las 10 de la noche la temperatura no pasaba de 6 grados. Y la segunda, la del sol de medianoche, además un viento tan gélido que no habíamos sentido jamás.

Día 27. Como es natural, después de haber visto el sol de medianoche, hoy no hemos madrugado demasiado. Así pues, sobre las 10,30 dejamos Cabo Norte, con una temperatura sorprendentemente más alta que anoche, aunque continúa haciendo bastante viento, pero que proviene de otra dirección. Además, el cielo está despejado, lo que nos permite ver claramente algunas manadas de renos, además de este fantástico paisaje ártico plagado de lagunas glaciares y algunos grandes fiordos.

Yendo en dirección Altá, por la E6, pronto descubrimos uno de esos grandes fiordos, y pasada esta preciosa población, nos instalamos en el camping Alteidet, situado al lado de un río, el cual desemboca en otra gran superficie de agua.

Día 28. En un viaje tan largo, nada más bonito que tener tiempo para descansar y disfrutar de una naturaleza virgen como la noruega, en donde nos rodean ahora grandes montañas con restos de nieve, un río y un fiordo. El camping es pequeñito y el pueblo más cercano está a 10 kilómetros. Nos hallamos a unos 320 kilómetros de Tromso, que intentaremos cubrir mañana, siguiendo por la E6 y luego la E8. Mientras tanto, aquí en el camping aprovechamos para limpiar los mosquitos del parabrisas, lavar la ropa, hacer fotografías… y una pequeña siesta. La temperatura resulta muy agradable, aunque el cielo está casi siempre cubierto de nubes.

Día 29. Hemos salido sobre las 9,30 en dirección a Tromso, y aunque parezca increíble, hemos tardado 7 horas en llegar, pues las limitaciones en la E6 han sido una constante, en primer lugar por los continuos cortes por obras, y luego por la particular orografía del país. Además, con frecuencia la lluvia nos obliga a reducir la velocidad; y en compensación siempre está el fantástico paisaje de montañas aún con nieve, ríos, cascadas y fiordos que hay en nuestra ruta. Finalmente cruzamos el puente que, sobre el fiordo, nos lleva hasta la ciudad de Tromso, con unas vistas estupendas de las bonitas casitas de los alrededores. La ciudad misma, de unos 90.000 habitantes, nos resulta muy acogedora. Las montañas nevadas ponen otro punto de atracción más allá de la ciudad. El camping Tromso, en donde nos quedaremos unas 3 noches, está tan sólo a 2,7 kilómetros del centro.

Día 30. Primer día de visita a la ciudad. Cuando cruzas el puente sobre el fiordo, que tiene un carril para bicicletas y otro para peatones, ya puedes ver una bonita panorámica de la ciudad, pero también del puerto y las montañas. El puente es una interesante obra de ingeniería. Sus numerosos pilares que lo soportan, al principio en fila simple y luego dobles, se elevan a bastante altura sobre el fiordo.

Pero antes de cruzar el puente, visitamos la Catedral Ártica –protestante- una curiosa obra en forma de triángulo, en cuyo interior sólo existe una cruz. Pero nos llama mucho la atención las lámparas, las cristaleras y el órgano. La entrada cuesta a los jubilados 40 coronas por persona.

También visitamos hoy Polaria, y hace honor a su nombre, pues este moderno edificio alberga mucho de lo que deseamos saber sobre el Ártico, por ejemplo, los osos polares, las focas, las aves, etc. Existe una sala en donde se proyecta una película panorámica sobre Svalbard y otra sobre las auroras boreales. Pero quizá la atracción más interesante sea el espectáculo de las focas en la piscina cuando les dan de comer. Para ver tantas cosas, naturalmente hay que pagar entrada: 90 coronas.

Y justo al lado de Polaria está el museo de la Universidad de Tromso, cuya atracción principal es un viejo barco de un cazador de focas, cuya azarosa vida en el Ártico nos muestra la valentía de aquellos primeros exploradores de un lugar tan inhóspito. Es, en suma, un estudio de la forma de vida de los inuit y otros pueblos, pues hasta que llegaron los noruegos ni siquiera se sabía que existían.

Día 1 de julio. Si uno se quiere informar sobre las expediciones polares de Amundsen y Nansen, tiene que acudir al Museo Polar. Esta es una de las visitas más importantes en el día de hoy, justo después de comer en el restaurante La Fábrica de la Pasta a base de pizzas y ensalada César, a un precio total de 461 coronas.

El Museo Polar está junto al puerto. A la entrada ya se pueden ver los arpones empleados por los cazadores del Ártico. Hay de varios tamaños. Nada más entrar al museo y pagar 30 coronas por persona (jubilados), vas pasando por varias salas, en donde puedes ver huskies, lobos, cazadores, trampas, utensilios de caza, kayaks y un largo etcétera. Llama la atención la sangre fría, la falta de sensibilidad de los cazadores de animales peludos, cómo se ensañan con las desvalidas focas, despellejándolas vivas. La codicia de las pieles y el medio inhóspito en donde se desenvolvían sus vidas, los convertían en máquinas de matar animales indefensos. Sin embargo, los noruegos aún se sienten hoy muy orgullosos de sus hazañas en el Ártico. Este museo es una muestra de ello; una atracción turística importante.

Y para cambiar de tema, aún tenemos tiempo de visitar el Jardín Botánico, una muestra maravillosa de casi todas las especies de plantas del mundo, y nada mejor que esta fugaz primavera ártica para admirar sus flores, de casi todos los colores y formas imaginables.

Día 2. Hoy ponemos rumbo a las islas Lofoten, que si hacemos caso a nuestra guía impresa Lonely Planet, deberían ser de obligada visita. Y nos damos cuenta de que la guía está en lo cierto, pues conforme nos vamos acercando el paisaje se hace cada vez más escarpado, con muchos fiordos y casitas de pescadores. Finalmente llegamos Svolvaer, y no lejos de aquí localizamos el camping Orsvágvaer, en donde nos instalamos. Son las 9 de la noche y comienza a llover. El camping está situado junto a un pequeño fiordo y no parece tan confortable como el que hemos dejado esta mañana. De todos modos, dispone de los servicios mínimos y de un restaurante.

Día 3. Hoy hemos decidido dejar el camping para recorrer todo el archipiélago de las Lofoten por la única carretera importante que posee: la E 10. El final de dicha carretera, que te permite conocer todo lo que puedas o quieras, es un parking para caravanas, coches y autocares rodeado de unos secaderos de bacalao. Hay también un museo del bacalao y un restaurante. Pero lo que atrae sobre todo a los turistas son las montañas, que llegan hasta la costa, escarpadas y siempre cubiertas de nubes. Otro punto importante y colorido son las casitas de madera color chocolate que hemos visto tanto durante el camino como al llegar aquí, concretamente en “A” –sí, es así como se llama este pueblo de Lofoten-, las cuales en realidad fueron concebidas como lugares de descanso de los pescadores de bacalao. Cuando terminó el auge de la exportación de bacalao seco, estas casas quedaron como una atracción turística, albergando muchos museos dedicados a la vida y costumbres de la gente de las Lofoten.

En cuanto a los secaderos de bacalao, cuyo olor enseguida hemos percibido al llegar al parking, observamos que aquí sólo exponen las cabezas, quizá sólo como otra atracción turística…

Afortunadamente el tiempo parecer haber mejorado algo, si bien hace frío y viento, pero al menos no llueve, pues la lluvia sobre todo nos ha resultado un auténtico incordio durante el interminable recorrido de 119 kilómetros de mala carretera, bordeando muchos fiordos, con subidas, bajadas, estrechamientos, baches e incluso pasos regulados por semáforos, además de los numerosos túneles. Y hoy, quizá por ser domingo, el tráfico de caravanas y autocaravanas era muy intenso. En fin, una conducción para acabar con los nervios de cualquier conductor.

Día 4. Hoy no madrugamos, pues la visita al Museo del Bacalao es a las 11. Así pues, cerca de esa hora ya deambulábamos por el pueblo, en espera de poder entrar, cuando de pronto vimos que había gente dentro, y es que el anfitrión esperaba un grupo de franceses. Pronto nos abordó dentro para decirnos que teníamos que pagar 40 coronas, que aquello era privado… En fin, pagamos y empezamos a observar los distintos procesos de la producción de bacalao, los utensilios utilizados, etc. Aquí hay bacalao por todas partes, hay máquinas para despiezarlos, sierras, cubos, tendederos… Podríamos pasar aquí muchas horas para enterarnos de todo. Incluso te ponen un DVD –esta vez en francés, con subtítulos en italiano-, sobre la historia de la pesca del bacalao en Lofoten. Pero a las 12 menos cuarto, emprendemos el largo camino de regreso hacia Narvik, no sin antes hacer una parada en otro museo, el Museo Vikingo, en Borg, al lado de la E6. Aquí se han montado un auténtico museo, al aire libre en gran parte, sobre la vida de los vikingos, en donde no falta de casi nada, incluida una barca en la que puedes montarte y hacerte fotos. Una película sobre el destino de una familia, en donde sacan a Harold y Eric, no podía faltar en un sitio así. La entrada cuesta 140 coronas si eres jubilado. En resumen, tanto nos gusto el museo, que comimos muy tarde, sobre las 5, a base de una extraña tortilla con base de pan y de un pastel con arándanos.

Nos habíamos propuesto llegar a Narvik o más allá durante la tarde o parte de la noche, pero nos dieron las 12 –y con ello vimos de nuevo “el sol de medianoche” en su precioso fiordo-y ya no nos fue posible encontrar un camping abierto para pasar la noche, por que optamos por quedarnos junto a una autocaravana de polacos en un parking de la E6.

Día 5. Poco después de los polacos salimos nosotros. Por delante muchos kilómetros, pero como nos dijo un alemán que habíamos visto en otro camping y que hoy casualmente lo encontramos aquí, volvemos a casa, sí, pero “langsam” (lentamente).

El paisaje que vamos viendo desde la E6 sigue siendo sencillamente increíble, pero hay un momento en que tenemos la impresión de que nos dirigimos al norte en lugar del sur, tal es la cantidad de nieve que aún queda en las montañas. Llegamos a un lugar en donde hay unas cuantas amenidades de un entorno tan hostil, entre ellas un restaurante, un monumento a la Segunda Guerra Mundial y otro dedicado al lugar, pues estamos en el círculo polar ártico. Hasta llegar aquí hemos visto impetuosos ríos y cascadas que se despeñan por las montañas. Aquí sólo hay vegetación alpina y encharcada. Hace mucho frío, teniendo en cuenta la época en que estamos: 8 grados. Además, el viento te produce la sensación de que es inferior.

Dejamos atrás la alta montaña en busca de un camping a una hora prudente, y a las 20,30 localizamos, al lado de la carretera, el Krakstrand, en donde pasaremos la noche. Mañana seguiremos nuestro camino hacia Bergen, que lo cierto es que parece estar en el fin del mundo…

Día 6. El camping Harran se encuentra a unos 200 kilómetros de Trondheim. Hasta aquí nos ha traído casi otro día de viaje. En el camino, con lluvia intermitente, hemos tenido que subir un puerto, dado que el túnel de 8,7 kilómetros estaba en obras; por tanto, hemos visto de nuevo de cerca la nieve. La E6 parece ser, sin duda, la carretera más larga de Noruega. A veces nos cuesta creer que las distancias sean iguales en todas partes. Es más fácil cruzar Europa hasta la frontera con Dinamarca que viajar hasta Bergen desde el Cabo Norte y no digamos si tienes que bordear la barriga atlántica de esta larga y desconcertante orografía.

Para comer, hoy hemos tenido que comprar comida caliente en un Spar, pues aquí es muy frecuente encontrarla; y a decir verdad las alitas de pollo y lasaña que nos comimos estaban muy bien preparadas.

Día 7. Bien, pues Bergen la tenemos hoy a 455 kilómetros. Nos encontramos ya en Dombás, justo a la hora de la cena, en un área de servicio muy concurrida, pues encuentras de todo, incluso una amplia tienda con muchos trolls.

Día 8. Hoy hemos tenido que modificar nuestra hoja de ruta en dirección a Bergen, pues al llegar a la altura de Fagernes, continuamos por la E16, en lugar de tomar la 51, pues por primera vez desde que abandonamos la E6 en Gjovik, hemos leído al fin Bergen en un indicador de tráfico de dicha carretera, lo cual nos animó a continuar… Pero pronto se confirmaron nuestras dudas sobre algunos puntos de la E16, pues hemos tenido que pasar un tramo en construcción, aunque el paisaje de lagos, ríos y montañas era indescriptible. Parece como si al gobierno noruego le interesara que utilicemos esta ruta, en lugar de otra alternativa, que nos parece incluso más corta, para ir a Bergen.

En fin, como se suele decir, agua pasada no mueve molino, y aquí estamos, descansando en el camping Gatekjokken, rodeados de altas montañas, en donde aún no hemos perdido de vista la nieve, un río y un prado verde con abedules aislados…, pero crecen millones a nuestro alrededor. También hemos visto grandes bosques de pino salvaje tipo Selva Negra, típico del norte de Europa. En este desconcertante país, a veces no sabes si te encuentras en el sur o en el norte, tal es el mosaico de los paisajes que hemos visto. Nos encontramos a unos 250 kilómetros de Bergen, y como hemos dicho, la nieve sigue ahí, en las cumbres, en pleno mes de julio.

Día 9. A través de interminables túneles, entre ellos el más largo del mundo, con 25 kilómetros de largo (te pasas más de 20 minutos dentro de él), finalmente alcanzamos el Lone Camping, a unos 30 kilómetros de Bergen.

Día 10. Primer día de visita a Bergen. Como nota desagradable, la lluvia de primeras y últimas horas del día. Tenemos que tomar el autobús número 90, que para al lado del camping y después un tranvía, en Nesttun , que nos lleva al centro de Bergen. Y como tantos turistas que llenan la ciudad, entre ellos bastantes españoles, deambulamos por una ciudad preciosa, como sacada de un plató de televisión, con muchas casitas de colores, sobre todo en el puerto, y otras como colgadas de las 4 montañas que rodean la ciudad. Nos llama mucho la atención el mercado de pescado, en donde sorprendentemente encontramos muchos españoles en los puestos de venta y sirviendo a los comensales, con infinidad de platos del pescado más variado, incluido ballena. Por lo visto, Bergen es algo así como la meca del pescado. Aquí, por fin, podemos comer bacalao fresco, el auténtico bacalao noruego.

Por la tarde aún nos da tiempo a subir en el funicular de Floyen, que se eleva a 321 metros en una de las montañas que rodean Bergen y desde cuya cima se aprecian unas vistas inmejorables de la ciudad.

Día 11. Hoy toca visitar algunos museos, como el Anseático y Schotstuende, que se encuentran en la zona de Bryggen, ambos muy adecuados para conocer la importancia de Bergen como potencia marítima durante los tiempos de la Hansa, una liga comercial que tuvo gran importancia en Europa, no sólo por el carácter económico, relacionado también con la pesca, sino asimismo con las decisiones políticas. Si bien la Hansa tuvo sus orígenes en Alemania, aquí se puede ver el poder que Noruega, con Bergen a la cabeza, tuvo a la hora de comerciar con los demás países. Hay escenas de la vida diaria de los marineros, dónde dormían, dónde se lavaban la cara, las salas en donde se reunían, etc. Y el mérito añadido de las casas que albergan los museos es que conservan su antigüedad en la construcción, una madera que ha resistido el paso de muchos siglos. Bergen es como un museo viviente. En el poco tiempo que permaneceremos aquí, apenas tendremos tiempo de experimentar una pequeña parte de todo lo que se puede ver.

Comemos de nuevo en el mercado del pescado, a base de salmón y pinchitos de vieira y gambas.

Día 12. Último día en Bergen. La lluvia intermitente que nos ha acompañado desde que llegamos aquí, parece hoy amainar un poco, así que aprovechamos para visitar la Rosenkrantztarnet, cuyo mayor atractivo son los modelos de cañones antiguos. Forma parte de un antiguo fuerte. En el recinto vemos también una importante sala, la Hakonshallen, con un techo de madera impresionante. Pero además llama la atención las distintas salitas que se forman entre un conglomerado de columnas y pasillos. En todo el recinto, pero especialmente en la sala grande, se celebran distintos acontecimientos culturales.

Seguidamente iniciamos un recorrido por esas interesantes construcciones de madera que forman Bryggen, en donde vivían y comerciaban hace siglos los mercaderes; algunas de las casas se conservan en buen estado, a pesar de haber pasado más de 400 años. Actualmente hay aquí muchas tiendas de recuerdos y algunos restaurantes.

Nos despedimos de Bergen con una visita a la Domekirke, la Catedral de Sankt Olav, cuyo exterior está en restauración. Es admirable el techo de madera, construcción muy frecuente en Bergen.

Olvidábamos hacer constar que a primera hora habíamos visto también otra admirable iglesia de Bergen, la de San Juan, situada en una zona dominante del paseo de la zona centro, la más bonita de la ciudad. Esta iglesia –que, sin embargo, no es la catedral-, nos pareció, con su impresionante techo también de madera, merecedora de tal título.

Día 13. 250 kilómetros más abajo, entre los fiordos, se encuentra Stavanger, adonde llegamos a primera hora de la tarde. Damos unas cuantas vueltas en busca de un camping y finalmente damos con uno a unos 3,8 kilómetros del centro. El Mosvangen, que así se llama el camping, no es como para tirar cohetes, pero goza de un entorno precioso: un lago, un parque con muchas hayas, una charca de nenúfares y sobre todo muchas aves anátidas y gaviotas.

A media tarde caminamos durante mucho rato en dirección al centro, con el fin de tener un primer contacto con esta ciudad de más de 125.000 habitantes y tratar de ver de dónde partían los ferrys que enlazan con los autobuses que nos llevarán mañana a Preikestolen (el Púlpito).

Decir finalmente que para llegar a Stavanger desde Bergen es necesario tomar 2 ferrys y pagar por una camper que no supera los 6 metros y 2 personas, en el primero 280 coronas y en el segundo 214.

Día 14. Pues bien, a las 10,15 estábamos en el muelle desde el que parte el ferry a Tau, llevando pasaje y vehículos, y es precisamente este ferry el que enlaza con los autobuses que nos llevan al aparcamiento de Preikestolen (el Púlpito), a unos 19 kilómetros de Tau. El viaje es sumamente agradable hasta dicho aparcamiento, pero los 3,6 kilómetros de ascensión, a través de un camino de piedras la mayor parte de las veces, sólo lo pueden hacer personas bien entrenadas. Nosotros no lo estamos, por lo que acabamos literalmente “hechos polvo”. Por el camino nos preguntábamos si merecía la pena tanto esfuerzo para ver unas rocas… Cuando al fin íbamos acercándonos a El Púlpito, nos íbamos dando cuenta que no se trataba solamente de una simple roca, sino de las rocas más grandiosas y más altas que habíamos visto nunca, y el fiordo allí abajo, tan profundo, tan enorme; las cascadas, todo el conjunto provoca una grandeza de vértigo; nos damos cuenta las decenas de personas esparcidas por las rocas de lo pequeñito que es el ser humano frente a la naturaleza. Ahora entendemos por qué sube allí tanta gente venida de todas partes del mundo. Se trata de un lugar reconocido como los mejores fiordos de Noruega. Y ni que decir tiene que se pueden efectuar muchas otras excursiones. Nosotros nos conformamos con haber podido efectuar ésta, cuyo coste es de 300 coronas por persona, con billete combinado ferry-autobús.

Día 15. Hoy toca conocer Stavanger con mayor profundidad, y nada mejor que empezar por encaminarnos a su Domekirke, la catedral, que resulta ser muy interesante, con sus masivas columnas romanas, su parte gótica y sus púlpitos, con numerosas tallas de madera, su enorme órgano y cristaleras. Todo el conjunto resulta un regalo para la vista.

Seguidamente y tras la comida, consistente en una gran ensalada variada, conteniendo incluso pollo, por un coste asequible, visitamos un museo muy peculiar: El Museo del Petróleo, un conjunto de edificios junto al puerto, que contienen la historia de Noruega en busca del petróleo del Mar del Norte desde 1.954 hasta 2.015. Aquí podemos ver desde cápsulas de inmersión hasta las importantes plataformas de extracción de crudo, e incluso un testimonio de la tragedia de una de ellas, la Alexander,   que se incendió en 1.980, muriendo más de 120 empleados. Hay varios audiovisuales sobre los avances de las tecnologías para buscar petróleo y también muchas advertencias sobre el futuro de la energía. Para Noruega, el descubrimiento de petróleo en el Mar del Norte ha significado una fuente de riqueza.

Antes de decir adiós a Stavanger, nos internamos de nuevo por sus calles, admirando la singularidad de sus casitas de madera y las animadas terrazas de los restaurantes junto al puerto.

Día 17. De Stavanger a Oslo hay 457 kilómetros. Demasiados para hacer en una jornada, de manera que ayer tuvimos que pernoctar en el camping Brevigstrand Skjaergardas, a unos 170 de la capital de Noruega, junto a un pequeño fiordo, muy apiñado y con muchos yates en sus orillas. Un lugar ideal para pasar la noche.

Y hoy, sobre las 12,30 emprendemos la subida hacia el Ekeberg Camping, pues se encuentra en una loma desde la que se puede ver una estupenda panorámica de la capital. Al fin hemos llegado. Poco después vamos en busca de un restaurante en donde comer, que resultó ser uno turco, en donde pedimos un Mix Grilled, que resultó ser un éxito por 518 coronas.

El deslumbrante edificio de la Ópera, al lado del fiordo, y la Estación Central de Trenes y sus alrededores han constituido esta tarde un primer contacto con la ciudad, una ciudad multirracial, pues vemos gente de Africa y Asia, así como gitanos y muchos mendigos. Enseguida notamos un gran contraste entre la riqueza y la pobreza. El conductor del autobús que nos sube de vuelta al camping tiene aspecto eritreo. En este país, como en tantos otros, vemos que los peores trabajos los efectúan los extranjeros.

Día 18. En nuestro segundo día de estancia en Oslo, lo primero que hacemos antes de salir del camping es comprar en recepción el Oslo Pas, al precio de 310 coronas por persona, por ser jubilados, con el cual puedes tomar los autobuses urbanos, tranvías y algún que otro ferry en el puerto, así como entradas a algunos museos. Lo puedes adquirir por 24, 48 o 72 horas. Y lo cierto es que hoy ya hemos empezado a utilizarlo con asiduidad. Hemos tomado un pequeño ferry que nos lleva a la zona de los museos, y hemos podido ver dos, el de La Historia de los Barcos Vikingos y El Museo de los Disfraces Noruegos, aunque de éste último casi nos echan, pues ya era la hora de cierre. Por otra parte, las barreras de entrada al recinto no funcionaban correctamente y resultó complicado entrar. De todas maneras, podemos decir que son dos museos imprescindibles para conocer la historia del país. De todas maneras, quienes sean aficionados a visitar museos y dispongan del tiempo necesario, aquí hay decenas. Nosotros consideramos que ya el centro de la ciudad resulta un museo viviente. Dedicamos la mañana a callejear sobre todo por la principal calle del centro, la Karl Johans, pues los principales monumentos de Oslo se encuentran cerca de aquí. Así pues, vemos primero la Domekirke (la Catedral), un soberbio edificio con preciosas pinturas en el techo, masivas columnas, púlpitos tallados en madera policromada, un gran órgano y dos representaciones de la Santa Cena. Y siguiendo la calle principal, pronto vemos el Teatro Nacional, El Parlamento, La Universidad y, finalmente, el Palacio Real con sus preciosos jardines. Luego nos desviamos hacia la zona del fiordo de donde parten algunos ferrys, pero antes tropezamos con el impresionante edificio del Ayuntamiento, en donde las estatuas son numerosas, representando a los personajes más variopintos.

Día 19. Hoy comenzamos por visitar el Museo de Historia, situado a corta distancia del Palacio Real, en donde se pueden admirar incluso algunas momias egipcias y trajes y espadas de guerreros samuráis. El edificio que alberga el museo es de estilo renacentista, con una gran escalinata y bonitas lámparas; en la primera planta vemos una exhibición de la vida de los sami, los habitantes de la región de Finmark.

Por la tarde tomamos el tranvía número 12 para ir a ver uno de los sitios más visitados de Oslo, el parque de las estatuas o Vigelandpark, y lo cierto es que nos quedamos asombrados de la espectacularidad y belleza de este lugar, pues no solamente hay aquí más de 200 estatuas de las más variadas formas, debidas a uno de los escultores más admirados por el pueblo noruego, Gustav Vigeland, sino también una fuente monumental, una gran columna central y un gran parque con muchos árboles centenarios, un lago con patos y gaviotas y varias cascadas.

Por último nos acercamos de nuevo al asombroso edificio de la Ópera de Oslo, tan sólo con el fin de tomar fotos y vídeo, pues el tema es casi inagotable. Y todavía a última hora de la tarde hay mucho ambiente por las calles, sobre todo en los alrededores de la Estación Central de Trenes. La mitad de los noruegos… y no noruegos parece vivir en Oslo.

Día 20. Hoy dedicamos el día a las compras, y como en todas las grandes ciudades, también en Oslo existen magníficas galerías, en donde puedes comprar de todo a unos precios asequibles, aprovechando las rebajas de verano, pues también aquí hay “verano”. Y precisamente hoy parece ser el primer día…

Mañana emprendemos el verdadero camino de regreso a casa, con rumbo a Goteborg (Gotemburgo), Suecia, Malmó…, Copenhague, Putgarden, Frankfurt, Lyon…, es decir, más o menos por el mismo camino que nos ha traído a Escandinavia, a Noruega, el país de los Trolls y de tantas emociones, unos países dignos de ser visitados.

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