JUGANDO CON EL DESTINO DEL PUEBLO

Sobre la piel de la Tierra se cierne la negra sombra de los políticos que dicen haber sido elegidos por el pueblo. Un ejemplo es Donald Trump, que tiene en la cabeza una serie de ideas destinadas a fomentar la discordia entre los pueblos, no solamente en su propio país, sino también los de sus aliados. Es una gran desgracia que la mayoría de la gente sencilla y democrática se vea impotente ante las manipulaciones de dirigentes de países poderosos como Rusia, Estados Unidos y China, que se enfrentan entre sí por motivos ajenos a sus intereses. ¿Cómo es posible que habiendo llegado a un estado de desarrollo que podría dar de comer a sus pueblos en paz no piensen en otra cosa que en armarse hasta los dientes? Basta con oír las declaraciones de Mr. Pence, prometiendo reforzar a la OTAN y mantener sus guerras por casi todo el mundo. No dudan en sugerir que Europa debe incrementar su gasto militar para defender la libertad frente al enemigo común-Rusia-. ¿Pero a qué están jugando? El mundo parece tener una especie de agenda de destrucción, pero lo horrendo es que lo hacen a espaldas del pueblo, como una especie de malvados jugadores de ajedrez. Siempre buscan motivos para tratar de confundir a la gente como si fueran borregos. Todo ello tiene una explicación: conseguir la egemonía de unos contra otros cueste lo que cueste. Cumbres, reuniones, tratados de no agresión, tratados de paz… y vuelta a empezar la guerra. Vivimos en un mundo infernal, en donde poca gente se escapa al influjo de los políticos, que parecen decirnos lo que está bien y lo que está mal, con las ideologías más dispares. Las mal llamadas democracias se están convirtiendo en dictaduras racistas que sólo piensan en unos cuantos. Evidentemente, esto no es nada nuevo, siempre ha sido así; la historia está plagada de Calígulas; de megalómanos como Hitler, que han conseguido engañar al pueblo inculto y han desencadenado guerras atroces. No hemos cambiado nada, o más bien hemos empeorado la situación, pues ahora los malvados disponen de armas muy peligrosas. La historia nos ha enseñado que a los políticos no les bastó con provocar la Primera Guerra Mundial, luego la segunda y ahora van camino de la tercera. ¿Y quién pondrá los muertos? El pueblo.

 

 

 

 

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