CUENTO DE NAVIDAD 2020

En algún lugar de nuestra Tierra, desolada por la pandemia del Covid-19, quiso el Espíritu de la Navidad que se reunieran los 5 hombres más ricos de los 5 continentes. Cuando ya habían llegado a un acuerdo para que los ricos siguieran siendo más ricos y los pobres más pobres, debido a un prodigio inexplicable, he aquí que estos 5 hombres, representantes de los gobiernos más poderosos del Planeta, repentinamente se quedaron en una especie de sueño profundo, que pronto se transformó en una delirante pesadilla.

Los 5 hombres entraron en una inmensa sala, en el centro de la cual y bajo un cegador resplandor vieron a un gigante sentado en una especie de trono. Tenía una cabeza enorme y por sus ojos salían llamas. Por su boca salía un sonido chirriante y penetrante, que nada tenía que ver con el de los humanos. Éstos, vistos desde la perspectiva del gigante, aparecían como simples liliputienses. Aparecían mucho más abajo, a sus pies, como algo insignificante.

-Soy el Espíritu de la Navidad -dijo con aquella voz chirriante-, os he traído aquí para deciros que al fin se va a producir un gran acontecimiento en esta desdichada Tierra. Por fin va a reinar la paz.

Aquellos hombres, uno de los cuales paradójicamente se llamaba señor Scrouge, como el del cuento de Charles Dickens, se agitaron a los pies del gigante tapándose los oídos para que no se les rompieran los tímpanos.

El señor Scrouge se levantó del suelo, asombrado. Pero el Espíritu de la Navidad le ordenó tumbarse junto al resto de sus compañeros al tiempo que de su boca salía ahora un viento tan fuerte, que los 5 desdichados parecían levitar.

-¡Escuchadme, insensatos! Dentro de unas horas se os acabará el poder y las riquezas de las que habéis disfrutado durante toda vuestra vida. Lo mismo ocurrirá a todos los humanos a los que vosotros favorecéis. Entonces amanecerá un nuevo mundo. Habrá igualdad entre todos.

-¡Pero eso no es posible, señor…! -balbuceó Scrouge, entre lágrimas.

-¡Cállate, desgraciado! -le amonestó el Espíritu de la Navidad-. Vosotros habéis tenido riquezas, tantas, que habéis convertido el mundo en un infierno, porque no habéis tenido dignidad ni compasión con los pobres. Habéis sido egoístas, belicistas, envidiosos, miserables; habéis matado a todo aquel que osaba distribuir vuestras riquezas; habéis masacrado el amor del Planeta, y ahora pretendéis celebrar eso que llaman Navidad, sin daros cuenta que la habéis traicionado y ultrajado. Sólo pensáis en comer hasta reventar mientras medio mundo se muere de hambre.

El Espíritu de la Navidad se agitó en su trono, haciendo que los cimientos de la sala se movieran.

-Ahora comenzará para vosotros un gran viaje, él penúltimo -prosiguió diciendo el gigante, en tono socarrón.

Entonces comenzó a elevarse en el aire la gran sala y los 5 hombres, con el señor Scrouge a la cabeza, sintieron que algo terrible les sucedería, como al resto de los mortales que habían sobrevivido a la pandemia del Covid-19. Dado que la gran sala volante disponía de unas enormes ventanas, pudieron ver entonces lo que el Espíritu de la Navidad les iba mostrando a cada paso. En primer lugar pasaron sobre África, en donde el gigante les mostró la miserable codicia de los humanos, esclavizando a los trabajadores en busca de minerales para los móviles y otros aparatos; las guerras fratricidas entre las etnias; la miserable vida de los agricultores y ganaderos, la desertificación y el expolio de la naturaleza y sus animales.

Viendo las imágenes, el gigante hizo que el grupo de hombres comenzase a mostrar algún arrepentimiento.

El vuelo de la gran sala con sus ocupantes continuó mostrando todas las miserias humanas de los cinco continentes hasta finalizar donde había partido, en la “próspera” Europa, pero cerca de un lugar comúnmente frecuentado: un gran cementerio.

-Habéis llegado al final de vuestro viaje terrenal -dijo el Espíritu de la Navidad-. Ahora vais a emprender el último -añadió, mostrando al grupo las innumerables tumbas del gran cementerio.

¡Oh, no, no, por favor, ahí no! -exclamaron los cinco hombres en un mar de lágrimas y temblores.

-Es lo que os merecéis…, a no ser que cambiéis vuestra conducta -dijo el gigante.

Entonces, de pronto aquellos 5 hombres, responsables de los destinos del mundo, se despertaron de aquella pesadilla y volvieron a la sala de reuniones con el espíritu renovado y prometiendo un cambio en sus vidas y en las vidas de la gente que vive en este desdichado mundo. Y por cierto, la maldita pandemia del Coronavirus también desapareció al poco tiempo.

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